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TAYARI LAB
22.04.2021

Castigo, deber, realización

por: Nicolás Vallejo

 

Una de las mayores ventajas que tiene el ser humano como especie es su capacidad de llevar a cabo un trabajo organizado, planeado y con miras a objetivos concretos. Al ser una actividad fundamental en el funcionamiento de todas las agrupaciones humanas, ha sido un aspecto trabajado por varios científicos sociales de las más diversas corrientes y perspectivas. En el presente texto quisiera referirme a dos perspectivas clásicas sobre el trabajo, la primera propuesta por Karl Marx y la segunda de ellas, propuesta por Max Weber. 

Karl Marx es ampliamente conocido por la influencia que tuvo en la formulación de las teorías comunistas, así como por ser uno de los pilares de la sociología. Sin el ánimo de referirme a su pensamiento político quiero rescatar una idea general de sus obras: Las condiciones materiales en las que viven las sociedades, determinan su ideología y su política. Sin embargo, como veremos más adelante, no sólo se trata de aspectos tan “grandes” de la sociedad, ya que para Marx todos estos aspectos se ven reflejados en el día a día de los sujetos que las componen. 

Cuando Marx se refiere al trabajo lo entiende como el conjunto de procesos mediante los que se transforma la naturaleza para dar lugar a los bienes que consume la sociedad. Para el alemán, el trabajo tiene juega un papel fundamental en la vida de los sujetos, ya que es a través de él que los humanos conquistan su espacio y el respeto de los demás y hacia sí mismo. Además, y en esto quiero poner el énfasis, este le da al sujeto una motivación al sujeto que lo debe llevar a su autorrealización. Sin embargo, también cree que el trabajador ha sido separado de su labor y por lo tanto pierde el rumbo de su vida, ajustándose así, a los objetivos que otros crean para él (religión, política, economía). 

En cuanto a la teoría de Max Weber, me gustaría referirme a los elementos que postula en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo. En este texto, Weber hace una descripción de los pilares del pensamiento calvinista y establece una relación entre estos y la generación de riqueza. Para sustentar su idea, Weber hace un paralelo entre dos concepciones sobre el trabajo la “concepción católica” y la “concepción protestante”. Según él, la visión católica se sostiene en la imagen de la expulsión de la humanidad del edén; así pues, el trabajo será entendido como un castigo producto de la desobediencia de Adán y Eva. 

Por otra parte, para el sociólogo alemán, el protestantismo se basa en una visión que concibe al trabajo no como medio, sino casi como un fin en sí mismo. Esta forma de concebirlo tiene que ver con la idea de que la bendición de dios se expresa en la riqueza, en ese orden de ideas, el enriquecimiento es una señal de la salvación eterna. Simplificando -en gran medida- el pensamiento del sociólogo alemán, el trabajo para los católicos es un castigo mientras que para los protestantes es un deber que se verá reflejado en la salvación. 

Como ya lo había mencionado en párrafos anteriores, no es mi intención entrar en discusiones políticas y mucho menos religiosas. Por el contrario, creo que es importante tener las anteriores concepciones en mente a la hora de hacer nuestros análisis en la actualidad. Nuestra cotidianidad está atravesada por la labor que hacemos, lo que nos debería llevar a pensar ¿qué entendemos nosotros sobre nuestro trabajo?

Quisiera plantear unas preguntas para la reflexión de cada uno de los lectores ¿cómo estamos entendiendo el trabajo que hacemos todos los días? ¿para nosotros es un castigo o un deber? ¿sentimos que a través de él me estoy realizando como persona? Considero que no soy la persona adecuada para responder a estas preguntas, aún así, en siguientes entregas me referiré a otras concepciones sobre el tema, ya que al revisar otras formas de entenderlo, cada quién tendrá la posibilidad de obtener sus propias respuestas. 

Nicolás Vallejo

Mensaje de Tayari: 

Este artículo hace parte de un experimento donde invitamos a personas de diferentes disciplinas a escribir sobre ellas y qué conocimiento buscan. Esperamos que este experimento crezca y se convierta en una especie de residencia de escritores. Queremos traer perspectivas frescas, ayudar a conectar ideas y que disfrutéis estas lecturas diferentes.

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TAYARI LAB
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Los siglos XVII y XVIII trajeron consigo cambios muy importantes en la forma en la que occidente concebía el mundo. Los avances técnicos y metodológicos del pensamiento europeo, dieron lugar a la ciencia que hoy conocemos. Figuras como Isaac Newton, Rene Descartes, Galileo Galilei, etcétera, se convertirían en el símbolo de una era marcada por el uso de la razón como forma unívoca de entender el mundo. Así mismo, las ideas surgidas en este momento serían una clave importante para el fin de los absolutismos monárquicos y para la independencia de América. 

Con la caída del absolutismo, también aparecía el liberalismo. Esta corriente, que promueve las libertades individuales, así como la libertad de propiedad privada, fue un cimiento muy importante para la constitución de los estados-nación modernos y la división de los poderes. 

Este sistema de pensamiento moderno crea diversos relatos, sin embargo todos tienen algo en común: la idea del individuo omnipotente. Los discursos que han surgido desde los siglos XVI y XVII parecen girar en torno a héroes (o villanos) que, por sí mismos, lideran los cambios, las transformaciones, etcétera. Un ejemplo, es que cuando alguien nos habla en la revolución Francesa, seguramente pensaremos en Jean Jaques Rousseau o cuando nos hablan  de la revolución industrial pensaremos en, Thomas Alva Edison. 

Si bien es cierto, han pasado ya varios siglos desde la aparición de las ideas mencionadas, en el presente continúan teniendo un impacto muy importante en la forma en la que percibimos el mundo. Contemplar un mundo en el que nuestra cotidianidad esté separada de la tecnología, que ha sido producto de la ciencia, parece impensable. De la misma forma, imaginar un mundo sin propiedad privada, parece cada vez un escenario más lejano, especialmente desde la caída del muro de Berlín. 

Esta forma de pensar, basada en la competencia individual conllevó a un resquebrajamiento de las redes comunitarias que se basan en el bienestar de la comunidad, para privilegiar el desarrollo individual incentivado por las ganancias económicas. Sin embargo, con el pasar de los días del siglo XXI, esta idea de los individuos creando por sí solos ha ido menguando a un paso lento, pero seguro. Los grandes libros que se refieran al pensamiento de un físico, un matemático, un filósofo o un sociólogo están lentamente siendo remplazados por revistas científicas que contiene el pensamiento de varios de ellos. El discurso del “héroe”, está empezando a ser remplazado por el relato de las agencias, centros de investigación, compañías y empresas. 

En este momento en el que el individuo empieza a dejar de estar en el centro nuevamente, parecería que existe una esperanza para la reconstrucción de los lazos de solidaridad y de cooperación que se habían ido quebrando a lo largo de los últimos siglos. De cualquier manera, este escenario está lejos de ser ideal, por lo que me surgen las siguientes preguntas ¿cómo se puede aprovechar este nuevo comportamiento de la sociedad para la reconstitución de los lazos comunitarios? ¿cómo evitar que los sujetos se conviertan en simples recursos? 

Siguiendo la línea de anteriores artículos, considero que la respuesta se encuentra en el pensamiento comunitario. Es importante preocuparse por las necesidades de las personas que nos rodean, ya que desde el conocimiento de sus circunstancias se puede pensar en la generación de redes de cooperación que permitan el beneficio de la sociedad en general. A modo personal, considero que en este momento la sociedad occidental camina por una delgada línea. Este es el momento para recuperar la consciencia de comunidad y de vencer la soledad moral a la que se refería Erich Fromm, que nace del individualismo moderno y que nos arrastra a los totalitarismos ciegos. 

Mensaje de Tayari: 

Este artículo hace parte de un experimento donde invitamos a personas de diferentes disciplinas a escribir sobre ellas y qué conocimiento buscan. Esperamos que este experimento crezca y se convierta en una especie de residencia de escritores. Queremos traer perspectivas frescas, ayudar a conectar ideas y que disfrutéis estas lecturas diferentes.

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02.03.2021

Ética en la etnografía

por: Nicolás Vallejo
Photo by Jakob Owens on Unsplash

 

Estamos haciendo un experimento: invitar a gente de diferentes disciplinas a escribir sobre ellas y qué conocimiento buscan. Esperamos que este experimento crezca y se convierta en una especie de residencia de escritores. Queremos traer perspectivas frescas, ayudar a conectar ideas y que disfrutéis estas lecturas diferentes.
Nuestro primer residente es Nicolás, un antropólogo, y este es ya su tercer post:

La etnografía es una de las metodologías cualitativas más potentes, ya que permite total cercanía con el objeto de estudio.

Esto mismo, plantea una serie de interrogantes sobre el proceder ético que debe tener cualquier profesional que utilice este método. Es por esto, que en este texto me propongo a discutir sobre los principios éticos que dan lugar a las formas de usar esta metodología, así como los comportamientos que deben ser evitados.

Un buen punto de partida para pensar en los comportamientos que deben ser evitados al hacer etnografía, es la teoría del antropólogo Eduardo Restrepo. Él identifica tres formas poco éticas de usar esta metodología que se traducen en tres tipos de mal etnógrafo.

En primer lugar, el Etnógrafo asaltante, se caracteriza por sólo pensar en su investigación, en detrimento de las personas con las que la lleva a cabo. Esto ocurre porque este tipo de investigadores no ve a los sujetos con los que trabaja, sino como fuentes de información. El segundo tipo, muy parecido al primero, es el Etnógrafo extractivista. Este último, también percibe a los sujetos con los que trabaja como medios, por lo que busca sacar la información a como de lugar y lo más rápidamente posible. El tercer tipo de investigador que identifica Restrepo, es el Etnógrafo indiferente el cual siempre está pensando en problemas desconectados del contexto de sus sujetos de estudio y sólo busca información para sustentar teorías que sólo son de su beneficio personal.

Los patrones descritos anteriormente, no sólo se pueden encontrar en la etnografía, sino en todos los tipos de metodología y tienen un rasgo en común: La percepción de las personas como medios y no como fines en sí mismos. De la mano de mis anteriores artículos en este medio, me gustaría recalcar nuevamente en la importancia que tiene el funcionamiento en comunidad en cualquier tipo de grupo social. En ese orden de ideas, la labor de un etnógrafo debe pasar por entender cuál es el contexto del grupo a estudiar, cuáles son sus necesidades y su rol con respecto a otros grupos con los que interactúa o grupos más grandes que lo engloban. Además, en condiciones normales, es ideal que la labor etnográfica represente un beneficio para la comunidad que está siendo investigada.

Este último punto me lleva a postular algunos principios éticos que deben regir cualquier investigación etnográfica. Para empezar, se encuentra el principio de beneficencia, ya mencionado en el párrafo anterior, que consiste en hacer el bien al otro (en este caso, las personas que estoy estudiando). También se debe tener en cuenta el principio de no maleficencia, el cual consiste en evitar cualquier daño o perjuicio hacia las personas que se están investigando. Por último, se encuentra el principio de autonomía. En muchos casos el investigador se puede ver sometido a presiones de terceros, incluso de las personas, instituciones o entidades que financien su investigación; en todo caso, el etnógrafo debe mantenerse fiel a los resultados arrojados por su estudio. Estos principios no sólo se deben tener en cuenta a la hora de llevar a cabo el trabajo de campo, sino desde el planteamiento de la investigación, ya que en este punto se pueden cometer o evitar errores que podrían causar un sinnúmero de dilemas adicionales.

La labor del etnógrafo es una tarea que lo llevará a enfrentarse a dilemas morales a menudo. Es por esto, que siempre se deben tener en cuenta unas pautas mínimas que sirvan de guía para enfrentarse a la infinidad de circunstancias que se pueden presentar durante el proceso investigativo. Sin embargo, la contingencia propia de cualquier trabajo de campo, termina obligando al investigador a confiar en sus habilidades, su pericia y su experiencia. El equilibro entre conocimiento del oficio, entendimiento del contexto y principios éticos sólidos, son claves de gran importancia en la maestría de quiénes se dedican a realizar etnografías.

Nicolás Vallejo

¿Y qué hacemos en la consultoría?

Por paralelismo, ¿Podríamos establecer los perfiles de consultor asaltante, consultor extractivista, y consultor indiferente? Sin duda que los hemos visto en las diferentes transformaciones ágiles que hemos participado, y quién sabe, si alguna vez incluso nosotros hemos adoptado algunos de esos roles.

El consultor asaltante y extractivista es un caso muy común, dónde se centra en utilizar a las personas como medio para poder hacer su trabajo, sin darse cuenta o pensar además en el impacto de la consultoría en el futuro de esas personas. Consultoría de PowerPoint que se centra en la extracción y análisis para después dar por cumplida su misión sin mirar atrás en el impacto producido.

El consultor indiferente es un pecado más venial. Qué placer investigar modelos, hacer teorías, sustentar razonamientos previamente planteados en nuestra cabeza sin datos. Si esto no se sostiene en el tiempo puede ser hasta una fuente de creatividad, de perspectivas, pero corremos el riesgo de alejarnos de la realidad y no tener impacto en la transformación organizacional.

Al aprender y tomar conciencia de otras disciplinas, podemos reflexionar sobre el componente ético y de experiencia que debemos reforzar en cualquier colaboración de consultoría con nuestro clientes.

Angela & Joserra

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TAYARI LAB
15.02.2021

¿Para qué el poder?

por: Nicolás Vallejo
otras direcciones del poder

 

Estamos haciendo un experimento: invitar a gente de diferentes disciplinas a escribir sobre ellas y qué conocimiento buscan. Esperamos que este experimento crezca y se convierta en una especie de residencia de escritores. Queremos traer perspectivas frescas, ayudar a conectar ideas y que disfrutéis estas lecturas diferentes.
Nuestro primer residente es Nicolás, un antropólogo, y este es su segundo post:

Cuando se nos pregunta por el liderazgo, es común que relacionemos la pregunta con las figuras del poder político o de las cúpulas directivas de grandes empresas.

Esto se debe, en gran medida, a que en nuestro entorno (refiriéndome a la sociedad occidental), estas son las personas encargadas de tomar decisiones. También es cierto que, no sin mérito, son estas personas quiénes encarnan una visión de éxito y tienden a ser admiradas por un gran segmento de la población. Sin embargo, esta visión del liderazgo estás sesgada por nuestras propias dinámicas, por lo que cabe preguntarse ¿qué aspectos son importantes para los líderes en poblaciones que tienen una diferente visión del mundo?

Para poder dar respuesta a la pregunta que he planteado en el párrafo anterior, muchas personas se remitirían a los grandes casos de éxito “no occidentales”, seguramente pensarían en China y en otros países orientales, grandes ejemplos del crecimiento económico. Por mi parte, yo prefiero abordar la pregunta, pensando en pueblos que históricamente no han sido reconocidas por los estándares occidentales como un ejemplo. En ese orden de ideas, en los próximos párrafos, me referiré a dos comunidades indígenas latinoamericanas, los Tzotziles de México y los Nasa de Colombia.

En el caso de los Tzotziles, su concepción de liderazgo ser podría resumir en la frase “mandar obedeciendo”. Para este pueblo indígena, el liderazgo tiene una estrecha relación con la responsabilidad. Quién se encuentra en el lugar de líder o lideresa, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de actuar en servicio de las necesidades de su comunidad, no sólo en términos políticos y económicos, sino también morales. Esto implica que la persona encargada de liderar esté en un constante proceso de comunicación con cada miembro de la comunidad, ya que esta es la única forma en la que puede hacerse consciente de manera efectiva, de las necesidades de sus “hermanos”.

Teniendo en cuenta lo anterior, me parece importante señalar otro aspecto del liderazgo de los Tzotziles. La persona que ejerce el liderazgo, debe estar familiarizada con las tareas que requiere su comunidad en el día a día. Este es un rasgo que se replica a lo largo de muchos pueblos indígenas a lo largo y ancho de Latinoamérica; el líder “manda” desde el conocimiento de las habilidades, destrezas, tiempos y esfuerzos que requiere cada tarea.

Por otra parte, se encuentra el pueblo Nasa del sur de Colombia. Para ellos, la vida se sostiene sobre tres pilares que se interconectan entre sí, Palabra, Acción y Espíritu de Comunidad. A continuación enunciaré un proverbio de su tradición que resume la forma en la que entienden la vida en sociedad:

            La palabra sin la acción, está vacía.

            La acción sin la palabra, está ciega.

            La acción y la palabra, sin el espíritu de comunidad, están muertas.

El líder, Nasa, se caracteriza por una alta capacidad comunicativa, la cual le permite mediar en los conflictos comunitarios y resolverlos a través del diálogo. Sin embargo, su palabra siempre está acompañada de actos concretos. Si el sujeto se compromete con algo, lo lleva a cabo. También se debe tener en cuenta que el líder o lideresa nunca toman decisiones arbitrarias; éstas siempre deben ser explicadas a la comunidad en medio de asambleas o reuniones. Por último, el liderazgo Nasa, al igual que el liderazgo Tzotzil, se basa en un profundo sentido de la comunidad que se desprende de un tejido social fuerte y estrecho. Cuando todas las personas se entienden como parte de este sistema, los líderes toman decisiones que benefician a la comunidad, porque es la única forma en que se benefician a sí mismos. En este sistema de pensamiento, no hay beneficio propio que excluya el beneficio de la comunidad.

Si bien es cierto, muchos de los aspectos mencionados hacen parte del “deber ser” que hoy en día le exigimos a nuestros líderes, vale la pena revisar si en efecto eso sucede o solamente está ocurriendo a nivel discursivo. De cualquier forma, a mi modo de ver, lo más importante será reflexionar si en los momentos en los que nosotros estamos en roles de liderazgo, lo ejercemos teniendo en cuenta los principios de comunicación, empatía y sentido de comunidad.

Nicolás Vallejo.

¿Y qué hacemos en la consultoría de transformación?

La transformación cultural requiere de una gestión de la autoridad -el poder- y por tanto de un liderazgo diferente. Nuestra visión del liderazgo adaptativo sitúan también como fundamental el sentido de comunidad, el sentido del trabajar en aras del bien de un grupo, por para y ellos. El liderazgo sostiene una lucha con el poder y el status quo, y es importante que lo distingamos de la autoridad en las organizaciones.

El primer punto es la transformación personal, que nos puede llevar a trabajar la empatía y por tanto a movilizarnos a favor del grupo, pero también debe suceder a la vez que los cambios sistémicos. Son dos líneas que bailan juntas, que se adelantan una a otra, unas veces el sistema desafiando a la autoridad establecida, otras veces los líderes desafiando al sistema establecido. Es por ello, que el tercer punto que destaca Nicolás -la comunicación- es fundamental para mantener la cohesión y la dirección.

Angela & Joserra

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Etnografía

 

Estamos haciendo un experimento: invitar a gente de diferentes disciplinas a escribir sobre ellas y qué conocimiento buscan. Esperamos que este experimento crezca y se convierta en una especie de residencia de escritores. Queremos traer perspectivas frescas, ayudar a conectar ideas y que disfrutéis estas lecturas diferentes.
Nuestro primer residente es Nicolás, un antropólogo, y este es su primer post:

El siglo XX fue testigo del nacimiento de diversas metodologías que las ciencias sociales utilizaron para explicar el comportamiento de los grupos humanos.

En un comienzo, la antropología se dedicó al estudio de “los otros”, todos aquellos que no eran considerados como poblaciones “civilizadas”, mientras que la sociología se encargó de estudiar la forma en la que se organizaba la sociedad occidental y los retos a los que se enfrentaba. Con el paso del tiempo ambas disciplinas empezaron a diversificar sus objetos de estudio, lo que, eventualmente, permitió que estos fueran compartidos por ambas disciplinas, y así mismo, fueron compartidos sus metodologías de investigación. Dentro de estas metodologías destaca la etnografía, piedra angular de las teorías antropológicas producidas en el siglo XX y ahora compartida con la sociología. 

La etnografía es una metodología que busca comprender los fenómenos sociales desde la perspectiva de quiénes lo viven de primera mano; esto implica que el investigador se comprometa a vivir en carne propia la cotidianidad del grupo investigado. En ese orden de ideas, el investigador estará sujeto a situaciones y problemas parecidos a los que viven sus sujetos de estudio, por lo que el conocimiento que obtenga será fruto de la experiencia. 

Uno de los primeros estudios etnográficos, fue el resultado de un infortunio. En el año 1914 el antropólogo de origen polaco Bronislaw Malinowki, terminó atrapado en las islas Trobriand (Papúa Nueva Guinea) cuando realizaba un trabajo de campo. El estallido de la primera guerra mundial hizo que el Imperio Británico prohibiera su salida de aquel lugar, ya que se consideraba que por ser polaco (en aquel momento austrohúngaro) podría ser un espía. Tal prohibición obligó a este antropólogo a pasar varios meses en esta isla, conviviendo con los lugareños. Al final de dicha estadía, pudo formular su teoría sobre el kula, a partir de la experiencia y las observaciones que llevó a cabo. 

Con el paso del tiempo, la etnografía se fue constituyendo como la piedra angular de la antropología social, ya que permitía a los investigadores tener un entendimiento profundo de las formas de ver el mundo de las “otras” culturas. Sin embargo, en la actualidad su importancia radica en que permite a los investigadores obtener tres tipos de comprensión sobre el día a día de los sujetos: El “qué”, el “por qué” y el “cómo es para ellos”. 

En primer lugar, el “qué”, se refiere a una descripción del suceso o fenómeno que está ocurriendo. En segundo lugar, el “por qué”, suele ser una explicación (o teorización) que explica cuáles son las causas del fenómeno ocurrido. En tercer lugar, y tal vez el más importante de todos, es el “cómo es para ellos”, ya que le permite al investigador, entender cómo es percibido el fenómeno ocurrido por las personas implicadas en él; así mismo, puede llevar a cabo un contraste en la forma en la que él como investigador entiende el problema, con la forma en la que los sujetos implicados lo entienden. 

La razón por la que me permito llamar a esta metodología de investigación “la joya de la corona” de la investigación cualitativa, es porque se erige como la herramienta más poderosa que tienen las ciencias sociales para explicar la vida cotidiana de las personas. En ese orden de ideas, es una herramienta que termina por dar cuenta de lo que ocurre a los sujetos en sus niveles de interacción más recurrentes. Así que el investigador puede emprender un recorrido que va desde una perspectiva micro, a una perspectiva macro, en busca de las respuestas a la pregunta ¿por qué las personas viven su día a día de la manera en la que lo hacen?

Nicolás Vallejo Morales

¿Y qué hacemos en la consultoría de transformación? 

Cuando llegamos a una organización porque tiene una necesidad en la que podemos ayudar, uno de los primeros pasos es conocer el “qué”, el “por qué” y el “cómo es para ellos”.

Nosotros, en Tayari, estamos interesados en la etnografía como metodología de investigación, ya que, una parte de nuestra labor se enfoca en los grupos humanos que componen las organizaciones que solicitan nuestra ayuda. Para poder brindar esta ayuda, llevamos a cabo un proceso de descubrimiento que se enfoca en observar, conversar y analizar. 

Teniendo en cuenta lo enunciado en el anterior artículo sobre la etnografía, nos damos cuenta de que hay un gran nivel de coincidencia, especialmente en dos puntos: Observar, en el cual nosotros nos involucramos y compartimos actividades con las personas de la organización para entender lo que ocurre en su cotidianidad. Conversar, en el cual hablamos con las personas para entender su visión de la realidad organizativa.

En el tercer punto,  Analizar, recogemos los datos recogidos en las dos actividades mencionadas y logramos ubicar el por qué de las necesidades de la organización, ofreciendo razones desde nuestra perspectiva que no son capaces de observar ellos mismos. 

Angela & Joserra

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